El arte de las musas: los mosaicos romanos.


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Todos hemos visto muchos mosaicos en museos o espacios arqueológicos pero seguro que desconoces muchos detalles, como su origen, técnica, tipos, etc. Te invitamos a ampliar tus conocimientos si sigues leyendo este artículo…

La palabra mosaico proviene etimológicamente de la palabra griega “musa”. Se ha llegado a decir que tal nombre era debido a que en el mundo clásico el mosaico se consideraba un arte tan magnífico y refinado que debía de estar inspirado por las propias musas. Se trata de una obra compuesta por piedrecitas, terracota o vidrios de varios colores que, estratégicamente colocados, van trazando diferentes dibujos y diseños.

Los mosaicos romanos se basan en los tapices y especialmente en la pintura, si bien presentan una gran ventaja respecto a ésta: su durabilidad. Aunque los motivos decorativos que podemos encontrar en los mosaicos son casi siempre similares a los de la pintura (diseños geométricos, temas mitológicos, escenas de la vida cotidiana, flora y fauna…), están trabajados de una forma muy distinta por las características inherentes a la propia técnica, en la que la perspectiva siempre va a resultar algo más forzada o artificial.

Los romanos construían los mosaicos con pequeñas piezas cúbicas llamadas teselas. El material de estas teselas solía ser roca calcárea, vidrio coloreado, cerámica, etc. La teselas se elaboraban con sumo cuidado y en diferentes tamaños y colores para que el artista pudiera colocarlas según el dibujo a modo de puzzle y aglomeradas con cemento.

Dependiendo del tamaño de las teselas, de los dibujos y del lugar de destino del mosaico, los romanos daban un nombre diferente a este trabajo:

Opus signinum: Se obtenía con los desechos un polvo coloreado que al mezclarse con la cal daba un cemento rojizo muy duro e impermeable. Este producto se empleó fundamentalmente para la decoración de suelos y como revestimiento de piscinas, estanques, cubas de salazón, aljibes, etc.

 

 

 

 

Opus tessellatum: Formado por teselas cúbicas iguales en cuanto a forma y tamaño, pero de distintos colores. Muy apropiado para las composiciones geométricas.

 

Opus vermiculatum: Realizado con teselas muy pequeñitas. Con ellas el artista podía dibujar con bastante precisión los objetos y las líneas.

 

Opus sectile, Se usan piedras más grandes y de diferentes tamaños. Se recortaban placas de mármol de diversos colores para componer las figuras.

 

La técnica era bastante compleja. Para hacer las teselas de mármol o de piedra de color, se cortaba el material en finas láminas, luego en tiras y después en cubos.

Para obtener las teselas de vidrio fundido (que podía teñirse añadiéndole diferentes óxidos de metal) se vertía éste encima de una superficie lisa para que se enfriara y se endureciera. Después, con una herramienta afilada, la lámina de vidrio coloreado era cortada en tiras y luego en cubos.

Las teselas de oro y plata se obtenían colocando pan de oro o plata encima de una lámina de vidrio de tono pálido. La superficie se cubría con una capa fina de vidrio empolvado y se calentaba en un horno para sellar el oro y la plata entre las capas de vidrio. A continuación se dividía la lámina en cubos.

También había que preparar concienzudamente la superficie del mosaico alisándola con varias capas superpuestas para que quedara lo más uniforme posible, puesto que cualquier irregularidad podía llevar a la fractura de algunas teselas y esto conducir a la degradación de toda la obra.

Inicialmente en Roma no se emplearon los mosaicos para los suelos a fin de evitar su deterioro, solamente en techos y paredes. Posteriormente descubrieron que los mosaicos podían resistir las pisadas y comenzaron a aplicarse masivamente para los pavimentos. Aunque los mosaicos se realizaban sobre todo en grandes superficies planas, como paredes, suelos y techos, también se fueron adaptando a simples objetos o pequeños paneles.

Los mosaicos eran para los romanos un elemento decorativo para los espacios arquitectónicos de tal manera que no había palacio o villa romana donde no hubiera mosaicos, por lo que acabaron constituyendo un símbolo de estatus y prestigio social. Afortunadamente, la alta resistencia de los mosaicos romanos ha permitido su buena conservación durante siglos y el número conservado es muy numeroso.

De Itálica proceden algunos de los más relevantes, conservados en museos o casas palacio en algunos casos y, en otros, in situ en el propio conjunto arqueológico, como el Mosaico de Neptuno, el Mosaico de los Pájaros o el del Planetario. Nosotros vamos a visitarlos este fin de semana, así que te invitamos a acompañarnos para aprender muchas más curiosidades sobre el mundo romano. Realizamos nuestra visita “VIVE ITÁLICA” el domingo 28 de enero a las 11:00h. ¡No te la pierdas!

Información y reservas, por teléfono o whatsapp (637228375) o a través del siguiente enlace:

Vive Itálica. Visita guiada

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