La tumba de Murillo y la leyenda sobre su muerte


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La Plaza de Santa Cruz ha sido un importante enclave religioso para las tres culturas que habitaron la Sevilla medieval, pues en ella hubo, sucesivamente, tres templos: primero mezquita, después sinagoga y, finalmente, una iglesia. Pero, ¿dónde se encuentra actualmente ese edificio?

Lo cierto es que dicho templo no se conserva, pues fue expropiado y derribado en 1810 por el gobierno de ocupación francés, resultando así un nuevo espacio abierto que se convertiría en uno de los rincones más célebres del barrio de Santa Cruz. El aspecto actual de la plaza se debe a la urbanización proyectada a principios del siglo XX por Juan Talavera Heredia, artífice también del edificio que hoy, irónicamente, ocupa el Consulado de Francia en plena plaza.

 

 

Pues bien, en esa desaparecida iglesia fue enterrado uno de los pintores sevillanos más notables, nada menos que Don Bartolomé Esteban Murillo. Su casa estaba en una de las calles colindantes, la calle Santa Teresa, siendo ésta su parroquia. Al desaparecer la iglesia, los enterramientos de las criptas quedaron, como es lógico, bajo tierra, en algún lugar de la plaza. Hoy podemos ver una lápida colocada por la Academia de Bellas Artes en 1858 que recuerda que en algún punto de la plaza, en lo que fue el primitivo templo de Santa Cruz, fueron depositados los restos del ilustre pintor sevillano.

 

Las circunstancias de su muerte están rodeadas de un halo de misterio, pues este lugar ha visto nacer una leyenda en torno a su fallecimiento. Según se cuenta, un día iba paseando Murillo por el puerto de Sevilla cuando una gitana le leyó la mano y le anunció que moriría en una boda. Al parecer, Murillo no dio crédito al vaticinio y consideró el aviso como una anécdota sin importancia… Pasaron paulatinamente los años y el pintor siguió trabajando incansablemente hasta los años finales de su vida. Una de sus últimas obras fue un encargo que recibió del convento de los capuchinos de Cádiz, que le pidieron un lienzo para su altar mayor. Cuando Murillo estaba trabajando en la obra, cayó del andamio y resultó gravemente herido. La casualidad quiso que la escena representada en la pintura fuese, precisamente, una boda. Se trataba de Los desposorios místicos de Santa Catalina, que representa la unión simbólica entre la Santa y Cristo.

 

 

Se dice que la caída le provocó lesiones muy serias que lo llevaron a la muerte, aunque no está del todo claro si este accidente fue la causa directa de su fallecimiento o, simplemente, agravó alguna enfermedad preexistente. Los cierto es que, apenas unos meses después de la caída, Murillo fallece a los 65 años de edad.

El episodio nos ha regalado una más de tantas leyendas que forman parte de la tradición del barrio de Santa Cruz, cuyas calles y plazas esconden secretos capaces de sorprendernos una y otra vez. Si quieres disfrutar de historias como ésta paseando por los rincones más desconocidos del barrio judío, te invitamos a nuestra ruta LOS SECRETOS DE SANTA CRUZ el 24 de agosto a las 20:00h.

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Los secretos de Santa Cruz

 

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