Las naranjas del Alcázar del rey Pedro I


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En esta ocasión volvemos al siglo XIV para relatar un hecho que, según cuenta la leyenda popular,

ocurrió en el Alcázar de Sevilla.

 

Lo decimos mucho, muchísimo en nuestras rutas culturales y visitas guiadas: El rey Pedro I de Castilla era un hombre con sus más y sus menos pero, ante todo, tenía ideas muy ocurrentes y una particular forma de repartir justicia.

 

Necesitaba el rey Pedro I nombrar al Escribano mayor del Reino pero, como no confiaba en muchos de los que le rodeaban, decidió que la elección debería hacerla él mismo para asegurarse de que el elegido era el adecuado.

 

Para lograr su objetivo, publicó un bando que fue enviado a los más diversos puntos del mapa sevillano en el que apelaba a todos los que quisieran optar al puesto a presentarse en el Alcázar a la hora estimada el día convenido.

 

Había muchos, cientos de aspirantes que charlaban en corrillos y se desesperaban porque la prueba de selección se eternizaba.

 

El rey los hacía pasar uno por uno a una de las salas del Alcázar y los situaba delante de un pequeño estanque en el que numerosas naranjas flotaban.

 

  • ¿Cuántas naranjas hay en esta alberca? – preguntaba el monarca

 

El aspirante decía el número de naranjas que creía haber contado y el rey lo mandaba fuera de la habitación inmediatamente. No hubo respuesta que satisficiera a Pedro I. Su cara era un poema y cada vez estaba más enrojecido y enojado.

 

Sólo quedaba ya un participante ansioso de alcanzar el puesto de Escribano mayor. Éste era un hombre esmirriado, medio bizco, bajito, enjuto y con una importante joroba.

 

Tras hacerlo pasar a la sala, el rey formuló la pregunta por última vez:

 

  • ¿Cuántas naranjas hay en el estanque?

 

El hombre no contestó de seguida y le hizo al rey una petición:

 

  • Quiero que me presten una vara o un palo antes de dar la respuesta.
  • Dádsela – instó el rey a uno de los acompañantes que allí se encontraban.

 

Cuando el hombrecillo recibió el palo, comenzó a darles la vuelta a todas esas naranjas que flotaban comprobando que casi todas ellas no eran naranjas, sino mitades y que, al estar flotando, parecían ser naranjas enteras.

 

Tras haberles dado la vuelta a todas, las contó y dio al rey Don Pedro el número correcto según su parecer.

 

  • ¡Albricias! – exclamó el rey- ¡Uno que tiene sentido común! Por fin he encontrado a mi Escribano mayor.

 

Este hombrecillo jorobado y feo, pero al ser más astuto que ninguno de los otros participantes, se quedó con el puesto.

 

Si quieres conocer el Alcázar como nunca lo habías hecho, con curiosidades, detalles e historia, tienes que venir a nuestra visita guiada Descubre el Alcázar.

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