La primera ley anti tabaco que tuvimos en Sevilla


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Llevamos ya unos años con la ley anti-tabaco implantada en España pero,

¿sabes cuándo se propuso la primera ley anti-tabaco en Sevilla?

 

 

A comienzos de noviembre de 1492, Cristóbal Colón envió a dos de sus hombres a explorar el interior de la isla de Cuba. Cuando regresaron, contaron que habían visto a mujeres y hombres “con un tizón en la mano y hierbas para tomar sus sahumerios”.

 

Al tizón le llamaban tabaco y estaba formado por hojas secas enrolladas de “cojibá” o “cohivá”, nombre indio de la planta de tabaco y que irremediablemente nos recuerda a esos cigarros puros.

 

El tabaco se hizo pronto famoso en toda Europa. 

 

Cuentan que a Carlos V le mandaron una semilla y en seguida empezó a cultivarse esta planta en nuestra tierra. Otros se lo atribuyen a Felipe II.

 

Se conoció también allá por 1560 al embajador francés en Lisboa, Juan Nicot, quien le dió nombre a la nicotina. Él presentó la planta y el polvo de tabaco al rey de Francia, Francisco II. Su madre, Catalina de Médicis, lo usaba para aliviar el dolor de sus jaquecas.

 

A finales del XVI el consumo del polvo de tabaco estaba extendido por toda Europa. En algunos lugares, como Rusia, sufría prohibiciones, y se llegaba a castigar su consumición con la amputación de la nariz de aquel que lo esnifara.

 

Pues bien,  aquí en Sevilla en el siglo XVI, el médico Nicolás Monardes, lo cultivó como medicina curativa. Y claro, como curaba distintas afecciones, la gente lo consumía por donde quiera que pasaba.

 

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Es por ello, y derivando de una norma del papa Urbano VIII, que se prohibe el uso del polvo o rapé en las iglesias, porque en estos santos lugares la gente esnifaba sin importarles el enclave, para calmar cualquier mal que les achacara.

 

En Sevilla, en 1642, se leyó la bula papal en la que se prohibía so pena de excomunión que “ninguna persona, eclesiástica, regular, ni seglar, así hombres como mujeres de cualquier estado, grado, condición, dignidad, calidad, orden o estatuto, exención etiam del Hospital de San Juan de Jerusalén o de otro cualquier privilegio que sean, puedan tomar, ni tomen tabaco en hoja, ni en polvo, ni en humo, por boca o narices, en ninguna de las iglesias de Sevilla, ni de todo su Arzobispado, ni en su ámbito, ni patio de ellas.”

 

Así se sabe que, la primera ley anti-tabaco sevillana, procedió del papado y que aquellos que necesitaban estar consumiendo tabaco o rapé de continuo tuvieron que exceptuar el rato de asistencia en las iglesias.

 

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Muchos de ellos pensaban que esa necesidad imperiosa de fumar era simplemente por el alivio que sentían de sus males. Pobres de ellos, no sabían que la sustancia a la que puso el nombre Nicot les tenía ya totalmente enganchados.

 

En la próxima entrega os contaremos qué pasó con el chocolate y la Iglesia… que es otra gran historia que contar.

 

Fuente: “Sevilla día a día”, Carlos Ros.

 

 

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