Miguel de Mañara, un halo de luz en un siglo de oscuridad


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Fragmento del cuadro "Miguel de Mañara lee la regla de la Hermandad de la Caridad" (1681) Valdés Leal, Hospital de la Caridad

Fragmento del cuadro “Miguel de Mañara lee la regla de la Hermandad de la Caridad” (1681) Valdés Leal, Hospital de la Caridad

 

Esta publicación tiene como protagonista al afamado Miguel de Mañara Vicentelo de Leca (1627-1679), al que le tocó habitar y sufrir  la Sevilla del S. XVII.

 

El hambre, las epidemias,  las enfermedades y la miseria azotaban la ciudad, dejando desamparadas a miles de personas que vagaban por las calles sin un techo bajo el que dormir, un trozo de pan que llevarse a la boca, y ni siquiera un lecho donde poder morir con un poco de dignidad.

 

Como si el destino así lo hubiera planeado desde un principio, este célebre personaje llegó a la ciudad de Sevilla cuando ésta más parecía necesitar de sus buenas acciones, pese a la mala reputación que éste pronto empezaría a adquirir.

 

"In ictu oculi", Valdés Leal. Hospital de la Caridad.

“In ictu oculi”, Valdés Leal. Hospital de la Caridad.

 

“Yo, don Miguel de Mañara, ceniza y polvo, pecador desdichado, pues lo más de mis logrados días ofendí a la Majestad Altísima de Dios, mi Padre, cuya criatura y esclavo vil me confieso. Servía a Babilonia y al demonio, su príncipe, con mil abominaciones, soberbias, adulterios, juramentos, escándalos y latrocinios; cuyos pecados y maldades no tienen número y sólo la gran sabiduría de Dios puede numerarlos, y su infinita paciencia sufrirlos, y su infinita misericordia perdonarlos.

 

Y yo que escribo esto (con dolor de mi corazón y lágrimas en mis ojos confieso), más de treinta años dejé el monte santo de Jesucristo y serví loco y ciego a Babilonia y sus vicios. Bebí el sucio cáliz de sus deleites e ingrato a mi señor a su enemiga, no hartándome de beber en los sucios charcos de sus abominaciones”

 

A partir de estas confesiones de su propio puño y letra, Mañara comienza a adquirir una imagen un tanto contradictoria, situándose entre el bien y el mal, mostrando las dos caras de una misma moneda, jugando en la espiral de la vida y la muerte….. ¿Pero cuál es la cara verdadera de Mañara? ¿Fue realmente tal como las leyendas cuentan?

 

Casa palacio de los Mañara en la calle Levíes

Casa palacio de los Mañara en la calle Levíes

 

Miguel de Mañara nació en el año 1627 en una casa palacio de la calle Levíes.  Su infancia fue la normal de un niño adinerado, recibiendo la educación propia de un caballero, pues su padre habría logrado hacerle con el hábito de la Orden de Calatrava. No obstante, con tan solo 13 años, ya sería el heredero de todo el patrimonio familiar tras la muerte de sus padres y sus dos hermanos mayores.

 

Desde entonces, su vida se vería marcada por una constante sensación de soledad y tormento. En 1648, contrajo matrimonio con Jerónima María Antonia Carrillo de Mendoza y Castrillo, aunque la vida nuevamente volvió a arrebatarle a sus seres más próximos, cobrándose así la vida de su mujer en 1661, sin ninguna descendencia.

 

A raíz de ese punto de inflexión en su vida, son varias las leyendas que hablan de su lado más oscuro, señalando a Mañara de un hombre pendenciero y mujeriego (imagen que ha hecho que se le confunda con el mismísimo Tenorio, pero eso ya es otra historia que daría para otro post). Se le atribuiría también fama de buen bebedor y ferviente aficionado a la juerga nocturna. Las malas lenguas empezarían a perder la cuenta del número de amantes de Miguel.

 

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La primera y más conocida de ellas cuenta que una noche Mañara, volviendo de una de sus juergas, presenciaría en la ya desaparecida calle Ataúd, un cortejo fúnebre que acompañaba un cadáver para ser enterrado. Cuando Mañara se acercó al séquito y preguntó por la identidad del difunto, descubriría que se trataba de su propio cadáver.

 

Esta leyenda también tiene otra versión. Se cuenta que cuando Miguel transitaba por la calle Ataúd, escucharía unos cantos funerarios en la próxima iglesia del barrio de Santa Cruz. Movido por la curiosidad, entraría en dicho templo religioso y un golpe muy fuerte lo derribaría. Cayendo al suelo, una misteriosa voz habría vociferado “traigan el ataúd, que ya está muerto”.

 

Otra leyenda habla del Mañara más lujurioso. Una noche se cruzaría con una peculiar mujer sorprendentemente bella a la que seguiría hasta la Catedral, donde trataría de desnudarla tras alcanzarla. Cuando la figura se diese la vuelta, contemplaría con horror que se trata de un esqueleto.

 

Asimismo, esta versión también tiene otra variante. Mañara no seguiría a la joven ni se cruzaría con ella, sino que la encontraría asomada a un balcón, y le pediría que le dejase entrar en sus aposentos. Ésta le facilitaría una escalera para poder subir hasta su habitación, pero cuando Mañara hubiera llegado arriba, se encontraría un esqueleto rodeado de cuatro cirios.

 

Independientemente de lo que cuentan estas leyendas, está claro que Mañara vivió una vida muy agitada, marcada por la muerte, el duelo, y la soledad, lo que despertaría dentro de él un fuerte deseo de ayudar a otros, ver la vida desde otros ojos muy distintos, los de la Fe.

 

Hospital de la Caridad

Hospital de la Caridad

 

Ingresó en la hermandad de la Caridad, y cada vez se volcaría más en la labor de ayudar a los más necesitados, convirtiéndose en Hermano Mayor,  fundando el Hospital de la Caridad.

 

Entonces era la única institución hispalense que en aquellos momentos daba cobijo a cualquier persona necesitada, desde mendigos hasta enfermos, además de celebrar entierros para aquellos que no tuvieran derecho a ello.

 

Cada vez eran más las camas que se ponían a disposición de los asiduos al lugar así como las personas que deseaban prestar sus servicios por y para la causa del Hospital.

 

Miguel de Mañara llegó en uno de los momentos en que Sevilla se encontraba más necesitada, cuando una epidemia de cólera mató a 50.000 sevillanos, la mitad de la población de la ciudad. Un siglo que también pasó por sequías, inundaciones, y muchas miserias.

 

El fuerte movimiento anticlerical del S. XIX parece ser que explicaría porqué Mañara no llegó nunca a convertirse en santo, siendo boicoteado por todas esas historias oscuras que se narran, alejándolo de su beatificación.

 

Ante la falta de haber hecho algún milagro, El 6 de julio de 1985, a Miguel de Mañara le fue otorgado el título de Venerable por el Papa Juan Pablo II.

 

Fuente: Hermandad Santa Caridad (http://www.santa-caridad.es/es/miguel-manara/)

 

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