El ritual de la Muerte


0 Flares 0 Flares ×

Los rituales funerarios eran muy importantes en el mundo romano. Se entendía como el paso de la vida terrenal a la espiritual, un tránsito que era sentido como una pérdida, pero también como una celebración que se convertía en todo un acto familiar y social.

Por razones higiénicas, la Ley de las XII Tablas estableció que los enterramientos debían situarse fuera de la ciudad, en unos espacios llamados necrópolis. Éstas solían encontrarse en los alrededores de las ciudades, junto a las calzadas que daban acceso a los principales núcleos de población.

Antes del entierro, se lavaba el cadáver y se ungía con ciertos productos aromáticos. Una vez preparado, se exponía en el atrio o patio central de la vivienda, adonde concurrían familiares y amigos para el velatorio.

Era costumbre también conservar una imagen del difunto, que se obtenía mediante un molde de cera a partir del cual se obtenía una mascarilla para conservar eternamente el rostro del familiar fallecido. Estas mascarillas recibían el nombre de imagines maiorum y reunían a todas las generaciones de la familia. Se trataba de representaciones absolutamente realistas, ya que eran policromadas y recogían con todo detalle las facciones y rasgos de los rostros vivos de estos personajes. En las mascarillas constaba su nombre, cargos, conquistas y todos los méritos conseguidos en vida. Esta galería de antepasados se conservaba en un armario diseñado especialmente para guardar estas imágenes que generalmente se instalaba en el atrio, de manera que pudieran asistir al velatorio del descendiente fallecido. Igualmente, participaban en el funeral, pues se sacaban en procesión para acompañar al familiar difunto cada vez que se producía un fallecimiento en el seno de la familia.

 

 

En esta procesión participaban también músicos, plañideras y todo un cortejo fúnebre formado por familiares, amigos y representaciones de la alta sociedad romana, dependiendo del estatus del difunto. Era el momento de hacer gala de la riqueza familiar, de modo que el funeral se convertía en una oportuna ocasión para la ostentación y la manifestación pública de la posición social que ocupase la familia.

Una vez en la tumba se realizaban una serie de ceremonias y llegaba el momento de dar sepultura al fallecido. Había dos tipos de rituales: incineración e inhumación.

Cuando se optaba por la primera, había que colocar el cadáver en una pira que ardía hasta que el cuerpo quedaba reducido a cenizas. A continuación, éstas se depositaban en una urna y se enterraba el recipiente en una tumba o mausoleo.

La inhumación era más compleja pues, en función del estrato social al que pertenecía el difunto, podía realizarse en una tipología de tumba u otra. En general, los patricios y romanos acomodados se enterraban en tumbas de obra, más o menos complejas, mientras que los romanos más humildes se enterraban en sencillas cajas de madera.

Asimismo, era habitual enterrar el muerto con algunas de sus pertenencias. Este ajuar funerario estaba compuesto por aquellos elementos que mejor describían la existencia del difunto en vida, como sus herramientas o armas. También lo acompañaban al más allá ofrendas, ungüentarios, vasos con alimentos o estatuillas de divinidades protectoras.

 

Como toda sociedad compleja, la romana poseía una gran variedad de rituales y creencias acerca de la muerte, muchas de las cuales guardan paralelismo con algunas prácticas que se siguen manteniendo en la cultura actual. Si quieres descubrir más detalles sobre el mundo funerario romano, te invitamos a acompañarnos en nuestra visita a la Necrópolis de Carmona, uno de los recintos arqueológicos más fascinantes y mejor conservados de Andalucía. Te esperamos el DOMINGO 29 DE ABRIL A LAS 11.00H.

Necrópolis de Carmona. ¡ESTRENO!

 

0 Flares Twitter 0 Facebook 0 Google+ 0 LinkedIn 0 0 Flares ×