“Colgar el sambenito”: De la humillación inquisitorial al presente.


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En nuestro día a día usamos una expresión coloquial: “colgarle a alguien el sambenito”.

¿Sabemos de dónde viene y cuán nefastas eran las consecuencias de llevar este sambenito colgado? Remitámonos a sus orígenes…

 

La Inquisición llega a Sevilla en el año 1481, cuando en muchas otras ciudades europeas estos procesos ya estaban si no totalmente extintos, a punto de ello.

 

En Sevilla, el Tribunal del Santo Oficio ajusticiaría a miles de personas, entre las que se encontrarían falsos conversos y herejes. El último Auto de Fe tendría lugar en el año 1703.

 

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Cruz de las Siete Cabezas. Colocada para conmemorar el último Auto de Fe en Sevilla

 

La indumentaria que se escogía para los que eran señalados por la Inquisición era el “sambenito”, haciendo alusión al saco bendito.

 

Se trataba de escapulario llamativo utilizado para señalar y ridiculizar a todos los que se consideraba que debían ser castigados.

 

Estaban hechos de lana, y como traje penitencial que era, se complementaban con un alto sombrero de papel de forma cónica denominado coroza. Asimismo, era frecuente que se escribiera el nombre del condenado, los pecados cometidos, o algún otro dato que ayudara a identificarlo.

 

Representación pictórica de la preparación de un sambenito antes de hacer procesión

Representación pictórica de la preparación de un sambenito antes de hacer procesión

 

Dependiendo del tipo de pena al que se enfrentaba el reo, el sambenito podía variar.

 

Para aquellos que habían sido condenados a muerte, el saco era negro y llevaba algún símbolo con alusión al infierno, mezclando así llamas, dragones, serpientes y/o demonios. La coroza (o capirote) que debían portar era roja.

 

Los que hubieran mostrado alguna señal de arrepentimiento antes de ser condenados, serían objeto de compasión, y se les estrangularía o ahorcaría antes de ser quemados en la hoguera.

 

En el caso de que el preso reconociera su herejía y decidiera pasarse al catolicismo, el tono del sambenito era amarillo, y solía tener una cruz de San Andrés, es decir, dos aspas cruzadas en forma de “X”, pues no se les consideraba dignos de portar la cruz tradicional.

 

Ésta se encontraría tanto en la parte delantera como en el anverso del saco. Los sambenitos de estos reos también podía ser verde en determinadas ocasiones.

 

Representación de un sambenito original.

Representación de un sambenito original.

 

Antes de que el sambenito fuera portado por el reo, siempre recibía la santificación de un sacerdote. A continuación, el ajusticiado debía caminar descalzo por toda la ciudad, portando un cirio en la mano, y siendo objeto de ridiculización y burla. Se trataba de uno de los peores pesares para una familia de aquella época.

 

El sambenito tenía que llevarse siempre puesto cuando el preso estaba en público, y sólo se le permitía quitárselo cuando estaba dentro de casa.

 

"El Tribunal de la Inquisición" de Francisco de Goya.

“El Tribunal de la Inquisición” de Francisco de Goya.

 

Acabado el plazo de la condena, el sambenito era colgado en una parroquia o en la Catedral, y siempre debía llevar escrito el nombre y apellido del condenado, así como el motivo de la pena. Había un encargado de que estos ropajes estuvieran siempre en un estado suficientemente bueno como para ser legibles, y estar ubicados en las zonas más visibles de los templos religiosos. En caso de deterioro, el sambenito era restaurado y situado nuevamente en el sitio que le correspondiera.

 

Hasta el siglo XVII, todos los que habían portado un sambenito, eran vetados para ocupar determinados cargos, e incluso generaciones de sus generaciones seguirían siendo objeto de infamia.

 

A raíz de estos terribles hechos, surge la popular expresión de “Colgar a alguien un sambenito”.

 

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